viernes, 27 de julio de 2012

Defina miedo


Hemos traspasado la frontera. El terror de hoy no se oculta tras una careta sanguinolenta, sino que prefiere mostrarse al descubierto, sin velos, sin medias tintas. Adora publicitarse y darse a conocer. Y nosotros lo loamos inconscientemente. Es el miedo que ha dejado de serlo para convertirse en cotidianeidad, el pánico disfrazado de monotonía que ha conseguido confundir nuestra visión fidedigna de la realidad. ¿Quién ha logrado conservar una esperanza después de asistir a las matanzas que día a día merman la credibilidad en el hombre? ¿Quién, sabiendo que a cada tres segundos un niño muere en el mundo, mantiene su fe en una humanidad capaz de llevar hasta el máximo de perfección a un conjunto de engranajes pero que aparta la mirada cuando la muerte se ensaña con su semejante más débil?
No hablamos de espíritus endemoniados ni de destripadores del pasado, lo que atemoriza hoy es la indiferencia, la pasividad, la tolerancia que hemos desarrollado. Asusta el desvirtuado concepto de libertad que amenaza con esclavizarnos, pero asusta aún más que haya alguien dispuesto a hacerlo antes de que nosotros mismos lo consigamos. Aterra pensar que la única solución se encuentra en la violencia, que solo las armas nos concederán la auténtica revolución que nos liberte de las garras armadas de unos captores demasiado semejantes a los nuevos héroes. Espantan el conformismo, la justificación y, ante todo, el sometimiento. Horripilan además la mentira, la doble vida, la impunidad. Pero si algo hace estremecerse, son los ojos inocentes que claman justicia antes de cubrirse con su propia sangre. Las bocas que nunca más volverán a abrirse. Las mordazas que silencian las conciencias. Las gargantas ahogadas en un mar de amenazas fundadas. La muerte made in el mundo

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