domingo, 24 de junio de 2012

Hoy vuelvo a sentir que tengo miedo


Sabes demasiado bien que pocas veces estoy a la altura de las circunstancias. Me pasó aquella vez de la que tanto hemos hablado, cuando perdí la ocasión más clara que he tenido jamás por no saber ver las señales que eran algo más que directas. Pero el día en el que eras tú quien jugaba en la misma posición que yo asumiese en aquella ocasión, decidí tomar las riendas y llevarte a donde querías ir. Esta vez sí supe interpretar tus señales, será que a ti te conozco mucho mejor. Me tragué los restos que quedaban deambulando por ahí de sentimientos dañinos y no solo asumí, si no que patrociné, la historia que empezabas a escribir. Con miedo, muchísimo miedo. Pero con fe y creyendo en ti. Tú no me defraudarías, ¿verdad? 

Hoy creo que se me ha perdido esta última frase. Pueden ser los cambios, quizá la trinchera que hemos excavado cada uno con mayor o menor intención, las personas a las que hemos conocido... Yo no soy el mismo. De hecho he visto en esta situación una vía de escape magnífica para buscarme a mí mismo. No, no es que te estuviera mintiendo, ni que fuera falso, sino que quizá no he cumplido esa promesa que hice hace tiempo de examinarme para ver qué y cómo estaba siendo y si había mucha diferencia entre eso y como quería ser en realidad. A tu lado siempre tenía una sonrisa en mi cara, pero en ocasiones es preciso arrugar los labios un tiempo para poder sonreír después mucho más. Y ahora mismo estoy arrugándolos más de lo que es común en mí, porque donde antes sonreía, ahora lloro; donde antes te tenía, ahora estás difusa; donde antes te creía segura, ahora te veo tambalearte... Doliéndome mucho, siento que he comenzado a dudar de ti, porque donde antes era feliz, ahora tengo miedo.

domingo, 10 de junio de 2012

Insensible

Algunas veces (léase demasiadas) dejamos nuestros sentimientos a buen resguardo en nuestra mesita de noche antes de afrontar un nuevo día. Tememos que salir a la calle con corazón nos pueda pasar factura, porque más de una vez nos hemos tenido que batir en retirada. Lamentando bajas. Acusando heridas. Deseando no haber emprendido jamás la ofensiva.
Otras veces (no tantas, por suerte), son ellos los que deciden secundar una huelga de percepción sin regalarnos servicio mínimo alguno. Y es en esas ocasiones cuando nos encontramos al escritor que se parafrasea, al amante que sonríe porque -esta vez sí- se ha quedado sin palabras, al amigo que no consigue escribir unas líneas con las que adornar un gracias que, comparado con el favor recibido, es cuanto menos cutre; nos encontramos, en definitiva, los restos de la falta de inspiración, que se ha aliado demasiado con el corazón y ha triunfado en su jornada de paro. Véase este ejemplo.

martes, 5 de junio de 2012

Perdón

Hace tiempo que prometí que circunstancias como esta no se volverían a repetir, que no podía permitir que me arrebatasen lo que creía que me pertenecía por haber estado junto a mí desde la primera respiración de mi vida. Mi independencia. Sin testigos acordé conmigo mismo no permitir a nadie violar la línea que da acceso a mi estado de ánimo. Y tan solo tardé unos meses en transgredir esta norma para que una ilusión se convirtiese en dueña de mis emociones. Después, otro puño sobre el tablero, otra vez a recordarme que así no se hacen las cosas, que así no vamos a ningún sitio... Hasta hoy, en el que de nuevo me ha vuelto a invadir esa sensación de odio hacia uno mismo por mis ataques de gilipollez pasajeros. Los mismos que me pudieron costar mucho, los mismos que me pueden seguir costando bastante hoy, mañana y al día siguiente. Los mismos que vienen seguidos del arrepentimiento propio de la vuelta a la sensatez, cuando te das cuenta de que no se merecían que hablases así, que son momentos en los que algunos comentarios huelgan, y que hay que saber callarse y empatizar. Pero lo más doloroso de todos estos momentos es el saber que si deciden no aceptar tus disculpas, no tendrás más que lo que te has ganado.