martes, 27 de diciembre de 2011

Dicen que rectificar es de sabios

Sabía demasiado amargo, y esa sensación se acrecentaba al comprobar que no era más que un intento, fraudulento desde sus inicios, de engañarme a mí mismo. Primero probé con excusas, cuando estas se volvieron demasiado frágiles opté por emplear otros argumentos más sólidos y veraces a simple vista, pero que no pasaban de ser coartadas fácilmente desmontables. He de admitir que, alcanzado el punto máximo de hartazgo por la continua fabricación de pretextos, llegué a encontrar en el proliferante trabajo diario una evasiva ideal para justificarme. Y lo hice. Por estúpido que parezca, ¡me justifiqué ante mí mismo! Y ahí residía el gran problema, en que yo era a la vez defensa, acusación y jurado, y con mi conducta estaba tornando irremediablemente en verdugo, con formas de suicida (que no de kamikaze, porque no lograba ningún hito con mi conducta), pero verdugo al fin y al cabo.
Cuando ya ni siquiera eran necesarias las coartadas (esto era caso sobreseído) una soga lanzada con la esperanza de socorrer a quien creía en peligro me ha derrumbado, sin necesidad de testimonios, toda mi defensa. Y es que, creyéndome capaz de asistir, me he percatado de mi necesidad de asistencia.
Vuelvo no en renglón nuevo, sino a renglón seguido.
Gracias a la que espero continúe siendo mi más fiel autora.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Aviones de odio

Para cuando pude apartar aquella plomiza neblina de mis ojos, el sol ya no brillaba en el azulísimo cielo que me había despertado horas antes. Ahora parecía estar también él ausente, como si el horror de ver cómo los seres humanos podemos destrozarnos mutuamente le hubiera motivado a escapar de la ciudad y refugiarse en algún lugar que todavía estuviera en paz, si realmente existe un lugar así.
La sangre, ya no sé con certeza si es propia o ajena, tiñe los documentos que hace unos minutos presidían la reunión que ha tornado en masacre. Y todo por el odio. Por ese cáncer que destruye nuestra sociedad conforme gana adeptos al disfrazarse de ideal político, religioso, social... El ansia por despedazar a inocentes persiguiendo una esperanza que nunca debió ofrecerse. No creo que se pueda alcanzar un paraíso desgarrando semejantes. Sí creo, en cambio, en las continuas campañas de misión, en la persecución de una justicia que no tenga la venganza como premisa. En la solidaridad, en el dar, desde su expresión más pequeña, como una palabra amable, un abrazo o simplemente una sonrisa; hasta la más alta: la vida, de la que me separan contra mi voluntad antes de lo que habría deseado. La que doy para que, algún día, cuando solo sea una cifra entre las miles que pronto sepultaran estos escombros, sirva para devolver la paz a un mundo que, en días como hoy, 11 de septiembre de 2001, me demuestra que olvidó hace tiempo el significado de esa palabra.

En memoria de las víctimas de los incalificables atentados del 11 de septiembre. Su vida se vio finalizada mucho antes de lo que preveían, y ese sacrificio sirvió para mostrar al mundo las cotas que puede alcanzar el odio hacia otro ser humano y para enseñarnos que el Infierno puede realmente existir sobre la superficie.

martes, 30 de agosto de 2011

Dos noches

Frente al número 33 un destello de luces. Las únicas capaces de desgarrar la oscuridad tenue de las farolas. Los faros cubiertos de rojo de algún conductor nocturno que enturbian los ojos que observan en el 33.
En el interior del 33 una mujer con la visión empañada. Nublada por un mar que decidió comenzar a arrugar pañuelos de papel la noche que él decidió desaparecer para siempre. ¡Qué injusticia! Después de lo mucho que ella había empeñado por él, del tiempo que había invertido exclusivamente en verle prosperar cada día, las noches que desde los primeros días de su relación había desvelado con el único motivo de mantenerle tranquilo, sosegado, sin que nada le alterase y pudiera dormir.
No comprende cómo pudo suceder aquella noche algo tan inesperado. Y a cada pregunta que se formula le invaden un maremágnum de cuestiones sin respuesta. La primera, ¿qué le llevó a abandonar su cama aquella noche? Parecía feliz con lo que le rodeaba. Era feliz con lo que le rodeaba, o al menos en eso insistía cuando se le solicitaba que reclamase aquello que precisaba para sentirse completamente realizado. El dinero no era problema. No. Había dilapidado en él cuanto había sido necesario desde que se topó con el primer abandono de su vida, el que se produjo cuando aquel hombre se enteró de la existencia de Manuel... ¡Decidió largarse sin más!, ¡sin una despedida que poder esgrimir como broche de aquella relación! Desapareció, al igual que Manuel, de noche. La hora no la puede precisar. Solo supo que debería eliminarlo de su vida a la mañana siguiente, cuando al abrir los ojos encontró la cama de matrimonio más ancha de lo acostumbrado. No estaba en ella ni tampoco en el resto de habitaciones. Y él sí podía haberla tomado de las manos y, entre los sollozos de una mujer que ve cómo su mundo cambia radicalmente dejándola sola ante un peligro desconocido, haberla comunicado su decisión de eliminar aquel fragmento de su vida. Pero era demasiado cobarde. Resolvió mejor abandonarla con un hijo creciendo en sus entrañas para evitar verse atado a ella de allí en adelante. "Siempre he sido un espíritu libre"... La misma libertad que Manuel heredó de él, la que le llevó sabe Dios por qué motivo a desasirse de las sábanas aquella noche y conducir hasta aquella jodida curva. De nada sirvieron los esfuerzos de los médicos por mantenerle a su lado, se acababa de marchar... ¡otra vez se había marchado! 

lunes, 29 de agosto de 2011

Comenzar

Posiblemente este no sea más que un proyecto ahora ilusionado y dentro de unos días desechado. Pero para que pueda desecharse ha de comenzar, y aquí está su comienzo. Nace como un lugar en el que plasmar lo que depare la escritura de conservación, el ejercicio diario para que las habilidades narrativas no se oxiden durante los períodos de ausencia de inspiración y en los que no se presenta nada que plasmar por escrito. 
Sinceramente, ahora mismo no se me presenta nada alentador comenzar a publicar en este blog, porque probablemente nunca cierre, pero dejará de presentar actualizaciones en muy poco tiempo. Así ocurrió con otros... Soy demasiado vago para mantener en alza un sitio que requiera actualizar periódicamente, y si hoy le inauguro con el objetivo de que me sirva de escenario para este proyecto, mañana perfectamente decidiré abortar dicho plan y resolveré que necesito otro sitio orientado a otro fin, no le abriré seguramente y perderé dos blogs: éste, por no actualizarse, y el otro porque no le permitiré nacer.