Las circunstancias han sufrido un vertiginoso cambio. La apuesta segura de ayer no es hoy más que un simple paso que encara el abismo, y los mejores amigos de hace meses se resisten incluso a guardar una relación de enemigo. Prefieren la distancia, la lejanía, la indiferencia. ¿Sorprendente? Quizá hace un tiempo. La verdad es que esto no es más que la culminación de un proceso, un hecho que cierra una tendencia ocultada por los intentos de convencerme y justificarlos. ¿Doloroso? Quizá hace un tiempo. La verdad es que... Exacto, el tiempo ha cicatrizado una herida que no se había producido.
Y esto no es más que la realidad. Sin juicios, sin entrar a valorar. Aquí no hay ni cabrones ni fantasmas, ni falsos ni calculadores, ni interesados ni defraudados... No hay más que una conquista a pulso, labrada día a día en los corrillos a las espaldas, en las manos que ayudaban y después herían, en las conductas fingidas que ocultaban la desmembración que resultaba evidente y temiblemente cercana. Y cuando se ha consumado nadie la ha querido documentar. Ni reconocer. Pero sí aceptar.
De nada serviría intentar remendar los errores, el juego a partir de ahora no consiste en más que en cimentar la continuación.
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