Nunca tuve dudas acerca de mi salud mental hasta que me descubrí encariñándome con los enfados. Era mi manera de sentir propio esa archiutilizada sentencia: "No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". La razón de que ellos se hayan convertido para mí en algo positivo (siempre dentro de un contexto, entendedme), es la vuelta a la normalidad que les sigue. Y los minutos precedentes, ese tiempo en el que la discusión secreta toda su amargura y emponzoña el momento nublando tu mente en todos los asuntos que no sean el conflicto surgido. También dudo de mi nivel de locura cuando descubro que he olvidado cómo se diferenciaban las bromas de la realidad, no diferencio lo fingido de lo auténtico, algo que me ha cosechado más de un varapalo recientemente.
Quizás acierten cuando me llaman loco, pero quiero alegar que quien comenzó a llamarme así fue quien me hizo dudar de mi cordura. Quien trastornó mi sentido de la amistad perfeccionándolo. Hasta ahora, que los amigos te corrigiesen y llevasen por el "buen camino" era algo que en mi vida formaba parte de la teoría. Con ella se ha personificado en cada bronca que, lejos de separarnos, me hacía sentirme cada vez con mayores ansias de estrechar nuestra amistad. Reprende sin miedo, con toda la confianza en la corrección de su amonestación. Algo que te hace saber con certeza que nunca te defraudará.
Ahora mismo solo puedo encontrar una palabra con la que referirme a ella. Ese "gracias" que demasiado habitualmente suena a fórmula prediseñada y desgastada, pero que cobra aquí todo su significado. Un agradecimiento que va siempre unido a una disculpa por todas las veces en las que no llego a lo que esperaba de mí. Y por haber dudado de que entre nosotros se pudiera gozar de esta confianza y amistad. No es que no lo creyera, es que nunca lo había pensado. Ha sido una sorpresa. Una sorpresa que se mezcla y confunde con la felicidad de
haberme topado con alguien a quien realmente merece la pena tener cerca.
Tengo la esperanza de que las
amistades reñidas sean también las más queridas, y de que, de no serlo, al menos sean eternas.
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